A 91 años de la revolución Bolche
La gran revolución rusa de 1917 se produjo en un contexto de conflictos sociales en toda Europa y, sobre todo, en el de una guerra larga y cruel que produjo millones de muertos y hambruna por doquier en Rusia. La revolución tuvo dos fases : la primera fue la abdicación del zar Nicolás II el 3 de Marzo (16 de Marzo de acuerdo con nuestro calendario).
El zar Nicolás era un monarca autocrático convencido. Este concepto le aisló de una realidad cambiante. El mundo se iba transformado ante sus ojos pero él debía seguir aferrado a sus principios que, al fin y al cabo, y así lo creía, eran la voluntad de Dios.
De poco sirvió la advertencia que le hizo Leon Tolstoi : “se podría detener antes el curso de un río que el eterno movimiento hacia adelante de la humanidad”. O los informes de sus propios servicios policiales que, a principios de 1917, hablaban claramente de que el proletariado estaba al borde de la desesperación porque se sentía tratado como si fueran animales, porque había aumentado el hambre y la escasez, el coste de la vida se había triplicado en poco tiempo y la mortalidad estaba en aumento.
Las manifestaciones se prodigaron en el primer trimestre de aquel año fatídico. Los partidarios del zar, sus propios soldados, hasta sus propios simpatizantes fueron uniéndose al clamor de los que exigían su abdicación. La insurrección fue total y su abdicación se produjo, finalmente, el 3 de Marzo y se acabaron así 300 años de régimen autocrático en Rusia.
El segundo capítulo de esta revolución llegó el 26 de Octubre (7 de Noviembre según nuestro calendario) –es una curiosa ironía de la historia la anécdota e que la llamada “Revolución de Octubre” se produjo, para nosotros en Noviembre—En aquella fecha los bolcheviques derrocaron el gobierno provisional de Alexander Kerensky y tomaron el Palacio de Invierno. Así comenzó uno de los acontecimientos más decisivos en la historia del Siglo XX cuyas consecuencias aun se hacen notar. Vladimir Lenin y Leon Trotsky rápidamente se hicieron con el poder. Su eslogan: “Paz, tierra, pan y todo el poder para los soviet”
Un Imperio gobernado por un autócrata, se transformó en república federal socialista; una sociedad de campesinos empobrecidos se elevó a la condición de gran potencia industrial.
Fue posible que los trabajadores realmente tomen participación en decisiones fundamentales, en un sistema que si les permitía comer, educarse y curarse.
Eso aun existe hoy en Cuba, a pesar de años y años de intentos de doblegar voluntades y convencer a unos y a otros de las bondades del capitalismo y del mercado. El reposicionamiento de la masa obrera no es ya una cuestión de ideologías sino que es una cuestión de humanidad, mas aun teniendo en cuanta que el mercado, como lo dejo muy claro en este año, no puede manejarse solo.
es un hecho maravilloso y muy dugno de recordar, fue sin duda el el gesto mas importante de lucha por cambiarlo todo y todo junto.
Esa posibilidad que nunca quisimos darnos, esa oportunidad que siempre perdimos.
Fuegos de octubre – Patricio Rey y sus redonditos de ricota.
martes, 11 de noviembre de 2008
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